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10 maneras de cómo nos engañan los restaurantes para que consumas más.

1) Mesas circulares

Una mesa rectangular no es igual que una redonda. Las investigaciones demuestran que preferimos las circulares porque evocan mayores sentimientos de placer que las cuadradas o rectangulares. Algunos psicólogos lo atribuyen al hecho de que los objetos angulares están subconscientemente asociados con el peligro. ¿Y por qué no hay mesas redondas en todos los restaurantes?, te preguntarás. Pues porque ocupan más espacio y dejan desaprovecharles las esquinas.

No obstante, hay establecimientos que no utilizan mesas circulares adrede. Es el caso, por ejemplo, de McDonald’s, que prefiere que sus clientes consuman rápido para que dejen los asientos libres. También, por ello, utilizan sillas duras, para que no se acomoden demasiado.

2) Utilizan fotografías perfectas

Como sabes una imagen vale más que mil palabras. Todos sabemos que la hamburguesa que recibimos en el auto-servicio nada tiene que ver con la que aparece en la publicidad de la ventanilla, pero en ese momento ya no les importa, tú ya pagaste. Otra forma visual de llamar la atención es el uso de vallas gigantes para anunciar su local. En un estudio de salud pública se demostró que en los barrios donde aparecen más vallas de comida rápida, la población consumía más este tipo de comida y por lo tanto presentaba mayores índices de obesidad.

3) La música

Si los restaurantes utilizan música clásica y jazz, los clientes permanecen en el interior del local por más tiempo, eso sí comerán menos. Por esa razón, en un restaurante de comida rápida la música siempre tendrá un ritmo movido, el objetivo es la rotación de las mesas haciendo que los clientes coman mucho más rápido. También se sabe que la música relajada hace que los clientes consuman menos calorías, en promedio un 14 por ciento menos. La luz ambiental también juega un papel importante, entre más fosforescente y artificial, la gente solo quiere tomar su comida y salir.

La mayoría de restaurantes de lujo son conscientes de que la música clásica de fondo motiva a los comensales a gastar un 10% más en comida y vino que si ponen música pop. Además, está comprobado que si el restaurante expone a sus clientes a un ruido fuerte (música muy alta, por ejemplo), su cuerpo les pedirá consumir proteínas. Por tanto, si tienen demasiado stock de pescado o carne, los dueños del bar no tendrán más que subir el volumen.

Aumentar los decibelios de la música es justo el truco que utilizan los bares de copas, pues está demostrado que cuanto más altas estén las canciones, más rápido beben los clientes sus consumiciones; en concreto, un 26% más rápido. Según los científicos, hacemos esto porque el ruido no nos permite conversar.

4) Cubiertos pesados

El peso de los cubiertos influye en la visión del plato que uno está comiendo. “Para demostrarlo, organicé un almuerzo para 150 personas en una conferencia en un hotel de lujo de Edimburgo. A la mitad se les daban cuchillos y tenedores ligeros; a los otros les dieron unos más pesados ​​y caros”, detalla Spence a ‘The Daily Mail’. Cuando se les preguntó por los platos, que eran idénticos, aquellos que comieron con cubiertos pesados se encontraban más satisfechos que los otros.

Además, solo con ver los platos, los que estaban acompañados de cubiertos pesados fueron calificados como más atractivos visualmente, lo que llevaría a los comensales, según dijeron, a pagar “mucho más” por la comida. Por ello no extraña que en cenas especiales se sirva la comida junto a cubertería de plata, para que las personas piensen que las habilidades del cocinero son mejores.

5) Personalización

El truco de Starbucks de escribir los nombres de los clientes en los vasos está ligado a la “transferencia de sensaciones”. Se trata de un fenómeno que explica por qué nuestros sentimientos hacia algo o alguien cambian cuando lo percibimos como nuestro. El café servido es el mismo, pero si lo bebemos de una taza que lleva expresamente nuestro nombre, no sentiremos lo mismo que si lo hiciéramos en una común. Pasa de ser “el café” a “mi café”.

6) Utilizan el color rojo para estimular nuestro apetito.

Algunos restaurantes pintan las paredes del local con este color, mientras que otros lo utilizan en sus empaques de comida. Se supone que el color rojo eleva la presión sanguínea, la frecuencia cardiaca y los deseos de comer, por lo que se usa en manteles y en otros tipos de decoración en los restaurantes. Colores similares con este efecto son el naranja, amarillo y rosa.

7) El aroma es un factor determinante cuando decidimos que comer.

No existe mejor mercadotecnia que un olor delicioso que nos invite a comer, por eso muchas tiendas y restaurantes colocan sus hornos al frente del local. Cuando nuestro cuerpo huele algo rico, aumenta la producción de ghrelina, una hormona que estimula nuestro apetito. Nuestro cerebro lo interpreta como hambre, y así es como terminamos haciéndole caso a nuestra nariz, consumiendo productos conpoco valor nutricional. Piensa en el olor de las galletas de las tiendas departamentales.

8) El tamaño del menú

¿Cuántos platos debe tener un menú? Según los investigadores de la Universidad de Bournemouth, si la carta del día tiene demasiadas opciones puede hacer que la gente se sienta sobrecargada al no saber qué elegir. Siete platos parecen el número mágico: siete primeros, siete segundos y siete postres.

9) Son astutos con sus números

Los diseñadores de menú reconocen que los precios que terminan en 9, como $9.99, tienden a significar valor, pero no calidad. Es más, los precios que terminan en .95 en vez de .99 son más efectivos, porque se sienten más “amigables” para los consumidores. La mayoría de dejan el precio sin ningún centavo, porque esto hace su menú más limpio, más simple y va al punto.

10) Crean clientes de por vida

Ya que desde pequeños nos enganchan con sus paquetes infantiles, juguetes, juegos, fiestas y caricaturas. Hoy en día los restaurantes de comida rápida se han infiltrado a las redes sociales y muchos de ellos tienen páginas con juegos y actividades para los niños.

 


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