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Au Lapin Agile el cabaret más antiguo, auténtico y posiblemente uno de los más económicos de París

Cuando uno llega a Montmartre, uno de los barrios más bellos, románticos y famosos de la Ciudad Luz, no puede escapar a la tentación de retratarse frente a una hermosa casa, ubicada en el número 22 de la Calle Saules, en el cruce con la calle san Vicente, a escasos metros del único viñedo en producción que todavía existe en la capital de Francia.

Es una casa rural con techo a dos aguas, de dos plantas, separadas por una verde enredadera. La planta baja es de color rosado y en ella destacan verdes ventanas y puertas, con cristales. La planta superior, sin friso, deja ver las piedras al desnudo.

Tiene el aspecto de una apacible casa de hadas, enclavada dentro del famoso y congestionado barrio de los artistas de la ciudad.

Pocos de los turistas que se retratan frente a ella, tienen el privilegio de saber que están parados ante el famoso Au Lapin Agile, “la caja fuerte de la cultura francesa”.

Delante de la casa destaca un viejo y frondoso árbol, y una rústica cerca de troncos de madera, la cual otrora fue utilizada por los propietarios y por los visitantes para amarrar sus caballos y burros.

Arriba de la puerta de entrada, todavía puede verse una reproducción, protegida con un vidrio, del cuadro pintado en 1872 por el caricaturista André Gill, que representa a un conejo vivo huyendo o saltando de una paila caliente. Esa caricatura dio el nombre al extraordinario Au lapin agile (La liebre ágil, en francés).

Gill lo pintó para el entonces dueño del local, un barbudo personaje, llamado Fréderic Gérard, conocido como Père Frédé, mezcla de animador, barman, músico, guitarrista, pintor y escritor, quien no obstante su extraño aspecto de ermitaño, supo congregar en ese sitio, a una pléyade de intelectuales y artistas de renombre, tales como Apollinaire, Carco, Dorgelés, Utrillo, Jacob, Modigliani, Picasso, Dalí, Van Goh, Degas, Matisse, y Toulouse-Lautrec, por citar solo a algunos.

No espere encontrar en Au lapin agile un espectáculo parecido a los del Lido, del Moulin Rouge o de cualquiera de los otros lujosos teatros burlescos de París, que se caracterizan por su iluminación, alardes tecnológicos y lujosos y costosos vestuarios.

No: Au lapin agile, es quizás el cabaret más sencillo y modesto de Francia. Si usted verdaderamente quiere conocer la cultura francesa, la genuina y no la americanizada, debe visitar esa pequeña casa de aldea, donde el tiempo se detuvo a finales del siglo antepasado, pero donde la música popular, la poesía y la comedia, siguen cantando y encantando, alegrando y enseñando a las nuevas generaciones de artistas franceses.

En Au lapin agile solo encontrará una sala de mediano tamaño, un modesto piano de pared, varios mesones y bancos de madera, unas lámparas cubiertas de rojas telas, y reproducciones de, entre otros, de los famosos cuadros de Utrillo y de Picasso que tuvieron como motivo ese cabaret.

Ni siquiera le servirán comida. En su publicidad los dueños aclaran que no cocinan, porque “solo saben hacer bien una cosa a la vez” y le sugieren ir a cenar antes o después de visitar a Au lapin agile en alguno de los excelentes restaurantes vecinos.

Sin embargo, cuando en la noche comienza el espectáculo, el pequeño grupo (creo que está entre 20 y 30 personas) que ha acudido al sitio, se sentirá transportado a un mundo mágico, en el cual, sin artificios, podrá ver, personalmente y oír de viva voz, y dialogar con ellos, no solo a artistas profesionales, sino también a los que en el futuro pueden ser luminarias del teatro o del cine francés, porque Au lapin agile no es solo un cabaret: Es una escuela que atesora los secretos de la música, de la poesía y de la comedia francesa y sigue siendo un lugar de encuentro de artistas e intelectuales.

Aunque usted sea tímido y nada entienda del idioma francés, a los pocos minutos de estar en el sitio, se encontrará divirtiéndose sanamente, participando del ameno y divertido espectáculo, en el muy reducido espacio del cabaret más antiguo de París, riendo y cantando en el lenguaje universal: ¡El de la alegría!

A la salida (el público entra y sale continuamente, a voluntad) puede ir a cenar en uno de los bellos y románticos restaurantes que están muy cerca.

Disfrutará aún más su visita a Au lapin agile, si conoce la historia de ese fascinante lugar.

Antes de que lo adquiriera Père Frédé, el establecimiento era conocido como el cabaret de los asesinos, por causa de unos retratos de entonces muy buscados bandidos, que colgaban de sus paredes, y por los frecuentes altercados violentos que producían en el sitio.

Père Frédé tenía en su cabaret una especie de zoológico, integrado por una cabra (Blanchette), un mono (Theódulo) un perro, un ciervo, varios ratones blancos, y un burro llamado Lolo, el cual entraba al cabaret como cualquier cliente, y era formalmente invitado, con su dueño, a las fiestas y celebraciones de los vecinos del barrio.

Ese burro pasó a la historia de Montmartre y del mundo del arte por la famosa “broma de Boronali”, de la cual existen fotografías y hasta documentos notariados que comprueban su veracidad; y que fue urdida en 1910 por el crítico de arte Roland Dongelés, Picasso, Dalí y otros asiduos a Au lapin agile para burlarse dl impresionismo, y particularmente del cubismo, así como de los críticos de arte, A tal efecto, los bromistas ataron a la cola del burro un pincel untado con diversas pinturas, y el cuadro resultante lo enviaron al Salón de los Independientes con el nombre de Puesta de sol sobre el Adriático, como si hubiese sido pintado por un supuestamente famoso artista José Joaquín Boronali, a quien presentaron como el líder de un no menos supuesto movimiento llamado el Excesivismo. El cuadro recibió grandes elogios por parte de algunos críticos, aunque también fue duramente atacado por otros. El apellido Boronali, de ese inventado pintor era un anagrama de Alboron, el burro de una fábula de Esopo, y cuyo hipocorístico o diminutivo cariñoso era Lolo, es decir, el nombre del burro que lo había pintado.

Los pintores solían pagar sus cuentas al dueño de Au lapin agile con cuadros que este exhibía orgulloso en su cabaret. Entre ellos estaba un cuadro con una vista exterior de la bella casa, pintado nada menos que por Maurice Utrillo, quien prácticamente vivía en ella; y otro, más famoso todavía, pintado en 1905 por Pablo Picasso, que representaba a un arlequín dentro del cabaret. Al fondo de ese cuadro, detrás de una dama, puede verse a Frédé Gérard tocando guitarra. En 1912 cuando Frédé se vio obligado a ceder su negocio, vendió también el Arlequín por solo $20. En 1988 esa misma obra de arte fue subastada en Sotheby’s por $40.000.000. Hoy se encuentra en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York.

En resumen, aunque no tiene servicio de restaurante, Au lapin agile es un cabaret para los sibaritas de la cultura. Por algo, se han sentado en sus toscos bancos de madera personalidades como Pablo Picasso, Salvador Dali, Guillaume Apollinaire, Maurice Utrillo, Max Jacob, Amadeo Modigliani, Toulouse-Lautrec, Vincent Van Goh, Pierre Auguste Renoir, Edgar Degas, Roland Dorgelés, Charles Dullin, Vivian Leight, Robert Mitchum, Eleanor Roosevelt, Ernst Hemingway, Henry Miller, Burt Reynolds, Lawrence Olivier, Laureen Bacall y Paul Newman, entre otro muchos.

22 Rue des Saules, 18th arrondissement of Paris, France.

http://www.au-lapin-agile.com/index.html

infos@au-lapin-agile.com


  1. Un artículo muy completo sobre ese histórico lugar de París. Seguramente hará que más de uno se anime a visitarlo. El pobre Frédé vendió el cuadro “Arlequín” e que le pintó Picasso por solo $20 y en los años 80 fue subastado en más de $40.000.000 y hoy es uno de los cuadros más valiosos del Museo de Arte de Nueva York.

  2. Es unos de los lugares que hay que visitar al llegar a París, el lugar es pequeño por lo tanto es recomendable hacer reservación con anticipación.

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